Medios de Desinformación

Una o dos noches previas al ataque armado contra el lector de noticias mexicano Ciro Gómez Leyva, se había discutido en la Cámara de Senadores una iniciativa de reforma a las leyes electorales. Tuve la oportunidad de escuchar en un canal de TV del Estado, el discurso completo de una legisladora del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) que explicaba los beneficios de los cambios de la ley para la ciudadanía y el sistema democrático. Todo muy claro y serio.

Más tarde vi la nota de la reforma electoral en el noticiario del hoy no tan dichoso Ciro y la edición de un minuto o menos del mencionado discurso hacía parecer a la legisladora como una analfabeta incoherente que — aparentemente — decía todo lo contrario de lo que realmente dijo.

Ya en otra ocasión, Gómez Leyva había presentado los videos que, después se supo eran las escenas de una película en proceso de filmación, como si fueran de una auténtica fiesta de narcos con presuntos miembros del Ejército mexicano... Y así podría seguir recordando y enumerando las pifias desinformativas del autodenominado periodista, hoy con aura de víctima de la libertad de expresión, que le receta diariamente a su audiencia, por la mañana en radio y por la noche en TV, una sarta de inexactitudes "periodísticas", cuando no francas mentiras, eso sí, siempre condimentadas con la sangre de la nota roja del día, que tienen como objetivo principal infundir temor, resentimiento político y desprecio a las autoridades policiacas de todos los niveles, principalmente.

La sociedad mexicana se ha convertido en rehén de los medios corporativos de desinformación y lo preocupante es que pareciera que un alto porcentaje de la gente no se da cuenta de la gravedad de vivir dentro de una realidad construida sobre ediciones del mundo a modo, montajes y mentiras.

Debo asegurar que eso no exime a los medios del Estado — que es necesario ver y oír para conocer el otro lado de la historia contemporánea — de sus propias deficiencias.

Sin embargo, el nivel de desinformación que se ha alcanzado en los medios de comunicación al servicio del gran empresariado nacional y transnacional es ahora uno de los lastres preponderantes en la construcción de la “nueva” democracia y los afanes sociales de convertir a México en un país desarrollado o, como se decía antes, de Primer Mundo.

Dadas las circunstancias, es la población, esa que salió en 2018 a las calles a votar masivamente por un cambio de régimen, la que ahora debe combatir a los medios de desinformación, apagándolos o, por lo menos, dejando de considerarlos una fuente válida y primaria de información. Resulta paradójico y contradictorio que en la llamada era de la información, los medios sean la barrera fundamental de la desinformación colectiva y la división social. 👣