El Baile de la Jotería Light

El Baile de los 41 (2020), película mexicana dirigida por David Pablos, queda a deber al público una auténtica exploración sociocultural de la intimidad y la doble vida de las personas homosexuales y/o bisexuales de los finales del siglo diecinueve y principios del siglo veinte en México: Es una super-producción (loable, sin duda) de poco más de 885 mil dólares (casi 17 millones de pesos mexicanos); pero convertida en jotería light.

No parece que esa haya sido la intención; pero mientras la calidad de la producción es pulcra, detallada y hasta preciosista — algo que podría atraerle premios internacionales —, la obra se cae estrepitosamente con un guión que dibuja de manera simplona a los personajes que merecían (merecen) un retrato tridimensional, humano y socialmente empático, para que el público del siglo veintiuno trascienda la anécdota legendaria que ya es un clásico de los chistes mexicanos homofóbicos.

José Guadalupe Posadas Baile de los 41
Ilustración: José Guadalupe Posada (Tomada de Wikipedia)

Desafortunadamente, la película de Pablos no va más allá de lo ya conocido y pierde una gran oportunidad de lograr la revolución fílmica sobre el tema de la diversidad de género.

El director de El Baile de los 41 aceptó en medios de comunicación que los inversionistas del filme (entre los que estarían Cinépolis y Alsea), condicionaron su apoyo a la producción a que, por ejemplo, no hubiese actos sexuales explícitos. No obstante, la anécdota que se refiere a una redada en una fiesta de homosexuales en la que habría participado el yerno del entonces presidente Porfirio Díaz y cuyo nombre se habría borrado de los registros policiacos, no ofrece más que la recreación cursi de la nota periodística del periódico El Popular, que se hizo célebre con su remate: “No damos a nuestros lectores más detalles por ser en sumo grado asquerosos.”

El Baile de los 41 no es un filme histórico porque le falta una investigación rigurosa. Como una idea al vuelo pienso en la escena en la que los asesores políticos de Ignacio de la Torre sugieren que no lance su candidatura a gobernador del Estado de México porque las preferencias del electorado no lo favorecen. Ese fue el único momento en que la película me provocó alguna emoción (una sonora carcajada) porque en 1901 los políticos del porfiriato NO hacían encuestas ni tampoco les preocupaba el electorado, sino complacer al señor presidente de la República y a su selecto grupo de ricos y poderosos.

Empero, la película de Pablos tampoco es una ficción contundente que se desarrolle en el ámbito de la libertad creativa de los guionistas — como sí ocurre en la novela sobre el tema, publicada por Eduardo A. Castrejón en 1906 con el título Los Cuarenta y Uno: Novela Crítico-Social, y reeditada por la UNAM en 2010 con un prólogo de Carlos Monsiváis — que refleja al mismo tiempo el rechazo y la fascinación de la sociedad de la época en torno al incidente que, de sólo mencionarlo, “manchaba la reputación”, según Monsiváis.

UN TEMA HISTÓRICAMENTE SIGNIFICATIVO

A la película de Pablos le falta la intensidad emocional de los personajes y de su trasfondo familiar y sociopolítico, como la que Ang Lee sí logra en Brokeback Mountain (2005), ganadora de varios premios alrededor del mundo, por su relato de la relación homosexual de dos vaqueros estadounidenses entre los años 60s y 70s del siglo pasado, que a final de cuentas, logra arrancar la lagrimita de los espectadores y que, sobre todo, obtuvo en 2018 la categoría de obra “culturalmente, históricamente y estéticamente significativa” para la Nación Americana.

Tanto para investigadores de la literatura mexicana como de los temas sobre diversidad sexual, la anécdota de El Baile de los 41 es muy importante para la historia nacional porque es la primera vez que se exhibe públicamente la homosexualidad masculina en el contexto de una sociedad extremadamente conservadora, como la del Porfiriato.

Lamentablemente, el director de la película también es omiso en el análisis de la figura de Amada Díaz, quien fue víctima de un entorno social que le negó, como indígena y como mujer, la posibilidad de la realización personal y sexual en el marco de su matrimonio con un homosexual de clóset.

Así que más de cien años después de El Baile de los 41, habríamos esperado que la película de David Pablos pudiese rescatar la realidad socioemocional de los miembros de un grupo social que, hasta el día de hoy, es uno de los más vilipendiados, perseguidos y criminalizados dentro de la sociedad mexicana, al grado que los primeros dos años en que la pandemia Covid-19 ha asolado a la humanidad, se ha registrado un número récord de crímenes de odio contra la población no heterosexual o LGBT+.

Después de haberse proyectado en el circuito de las salas cinematográficas mexicanas sin pena ni gloria, en gran medida por las restricciones de movilidad comunitaria a causa de la pandemia, El Baile de los 41 puede verse actualmente en el catálogo de Netflix. 👣