La Intención es lo Que Cuenta

Blog Temático de Autor para Cálamo&Alquimia®

El pasado transcurrió esperando un futuro que no llega...

Silvia Meave Avila - Periodista y Escritora Mexicana

En algún momento no muy lejano pensé que escribiría una serie de cuentos titulada “La Intención es lo que Cuenta”,  donde cabrían una serie de atrocidades que pasaban por mi cabecita loca mientras miraba los noticiarios de la televisión mexicana, que es donde con la dudosa objetividad de los gacetilleros, se crea y se recrea día a día, en una interminable telenovela gore, la falsa crónica del mundo allá afuera (de nuestro entorno).

Si la televisión fuera la ventana de mi oficina, tendría claro que se vive el apocalipsis en este mismo instante que tecleo y sin embargo yo no voy en tren ni en avión en mi accidentado viaje mental nada personal hacia las entrañas del enigmático reino (perdón, reconozco que hablo de la república democrática) de la virtualidad transnacional.

La Intención es lo que Cuenta

  • José Guadalupe Posadas Baile de los 41

    El Baile de los 41 (2020), película mexicana dirigida por David Pablos, queda a deber al público una auténtica exploración sociocultural de la intimidad y la doble vida de las personas homosexuales y/o bisexuales de los finales del siglo diecinueve y principios del siglo veinte en México: Es una super-producción (loable, sin duda) de poco más de 885 mil dólares (casi 17 millones de pesos mexicanos); pero convertida en jotería light. No parece que esa haya sido la intención; pero mientras la calidad de la producción es pulcra, detallada y hasta preciosista — algo que podría atraerle premios internacionales —, la obra se cae estrepitosamente con un guión que dibuja de manera simplona a los personajes que merecían (merecen) un retrato tridimensional, humano y socialmente empático, para que el público del siglo veintiuno trascienda la anécdota legendaria que ya es un clásico de los chistes mexicanos homofóbicos. Desafortunadamente, la película de Pablos no va más allá de lo ya conocido y pierde una gran oportunidad de lograr la revolución fílmica sobre el tema de la diversidad de género. El director de El Baile de los 41 aceptó en medios de comunicación que los inversionistas del filme (entre los que estarían Cinépolis y Alsea), condicionaron su apoyo a la producción a que, por ejemplo, no hubiese actos sexuales explícitos. No obstante, la anécdota que se refiere a una redada en una fiesta de homosexuales en la que habría participado el yerno del entonces presidente Porfirio Díaz y cuyo nombre se habría borrado de los registros policiacos, no ofrece más que la recreación cursi de la nota periodística del periódico El Popular, que se hizo célebre con su remate: “No damos a nuestros lectores más detalles por ser en sumo grado asquerosos.” El Baile de los 41 no es un filme histórico porque le falta una investigación rigurosa. Como una idea al vuelo pienso en la escena en la que los asesores políticos de Ignacio de la Torre sugieren que no lance su candidatura a gobernador del Estado de México porque las preferencias del electorado no lo favorecen. Ese fue el único momento en que la película me provocó alguna emoción (una sonora carcajada) porque en 1901 los políticos del porfiriato NO hacían encuestas ni tampoco les preocupaba el electorado, sino complacer al señor presidente de la República y a su selecto grupo de ricos y poderosos. Empero, la película de Pablos tampoco es una ficción contundente que se desarrolle en el ámbito de la libertad creativa de los guionistas — como sí ocurre en la novela sobre el tema, publicada por Eduardo A. Castrejón en 1906 con el título Los Cuarenta y Uno: Novela Crítico-Social, y reeditada por la UNAM en 2010 con un prólogo de Carlos Monsiváis — que refleja al mismo tiempo el rechazo y la fascinación de la sociedad de la época en torno al incidente que, de sólo mencionarlo, “manchaba la reputación”, según Monsiváis. A la película de Pablos le falta la intensidad emocional de los personajes y de su trasfondo familiar y sociopolítico, como la que Ang Lee sí logra en Brokeback Mountain (2005), ganadora de varios premios alrededor del mundo, por su relato de la relación homosexual de dos vaqueros estadounidenses entre los años 60s y 70s del siglo pasado, que a final de cuentas, logra arrancar la lagrimita de los espectadores y que, sobre todo, obtuvo en 2018 la categoría de obra “culturalmente, históricamente y estéticamente significativa” para la Nación Americana. Tanto para investigadores de la literatura mexicana como de los temas sobre diversidad sexual, la anécdota de El Baile de los 41 es muy importante para la historia nacional porque es la primera vez que se exhibe públicamente la homosexualidad masculina en el contexto de una sociedad extremadamente conservadora, como la del Porfiriato. Lamentablemente, el director de la película también es omiso en el análisis de la figura de Amada Díaz, quien fue víctima de un entorno social que le negó, como indígena y como mujer, la posibilidad de la realización personal y sexual en el marco de su matrimonio con un homosexual de clóset. Así que más de cien años después de El Baile de los 41, habríamos esperado que la película de David Pablos pudiese rescatar la realidad socioemocional de los miembros de un grupo social que, hasta el día de hoy, es uno de los más vilipendiados, perseguidos y criminalizados dentro de la sociedad mexicana, al grado que los primeros dos años en que la pandemia Covid-19 ha asolado a la humanidad, se ha registrado un número récord de crímenes de odio contra la población no heterosexual o LGBT+. Después de haberse proyectado en el circuito de las salas cinematográficas mexicanas sin pena ni gloria, en gran medida por las restricciones de movilidad comunitaria a causa de la pandemia, El Baile de los 41 puede verse actualmente en el catálogo de Netflix. 👣

  • © 2021 Derechos Reservados Foto de Silvia Meave Avila - Vacunas Covid19 Deportivo Xochimilco

    Después de los desórdenes que se registraron en los primeros días de la vacunación contra el Covid19 de personas mayores de 60 años de edad en el municipio de Ecatepec, Estado de México y la alcaldía Cuajimalpa en la ciudad capital, me preparé mentalmente para convertirme en la acompañante designada de mi madre, que acudiría a recibir la vacuna en el Deportivo Xochimilco. Se suponía que mi madre tendría que esperar a una brigada de la Secretaría de Bienestar que acudiría a su domicilio, según lo acordado en una llamada telefónica con un servidor de la nación, varias semanas atrás. Sin embargo, el plan original del Gobierno Federal de vacunar a la población empezando por los chamacos de 80 y más; luego 70 y más y así sucesivamente, tuvo que cambiarse cuando llegó la primera dotación de vacunas rusas que por razones técnicas — según los expertos — debían aplicarse en su totalidad en el menor tiempo posible y eso implicaba inocular segmentos poblacionales de acuerdo a su cantidad y distribución geográfica. Cuando el gobierno capitalino informó que empezaría a distribuir la vacuna anti-Covid19 en Xochimilco a todos los adultos mayores (sin importar la edad) y por orden alfabético, supuse que no era práctico quedarse esperando a que la Brigada de Bienestar Federal agendara su visita a mi madre. Así que le pedí su clave de identificación ciudadana para rastrear su registro en la base de datos de la vacunación y ¡BINGO! Mi mamá ya tenía cita para presentarse el primer día de la vacunación en la alcaldía, con la aclaración de que bastaba presentarse 20 minutos antes, para acceder al trámite, y no estaban permitidas las filas en la calle antes del amanecer ni mucho menos desmanes tipo Black Friday, como los que se vieron en Ecatepec y Cuajimalpa (promovidos por mexiquenses supuestamente fifís, pero tramposos, que querían colarse a la fila de la gente bonita de la capital). Me inquietaba encontrar aglomeraciones de gente sin cubrebocas, como las que se habían suscitado en los lugares ya mencionados, o que mi madre tuviera que permanecer mucho tiempo de pie, a pleno rayo del sol. Sin embargo, grande y grata fue mi sorpresa de que el carril derecho de la avenida Francisco Goitia, donde se encuentra la entrada al Deportivo Xochimilco, y que usualmente es un enorme paradero de microbuses, estaba despejado para que los autos con los ancianos que serían vacunados, llegaran hasta la puerta y pudieran descender de los vehículos, con seguridad.  Antes de descender del auto, un servidor público de la Ciudad de México, de fácil identificación por su chaleco verde con el logo gubernamental, de buen carácter y mejor disposición para apoyar a la ciudadanía que los clásicos burócratas de ventanilla, ofreció llevar una silla de ruedas para mi madre, aunque ella prefirió entrar caminando.  Traspasando la reja del Deportivo, otras empleadas nos saludaron amablemente y nos dieron la bienvenida, indicándonos que debíamos caminar hasta una primera mesa receptora donde revisaban la identificación oficial de la persona que sería vacunada y le asignaban un número de atención.  En todo momento aparecía un (una) asistente gubernamental dispuesto(a) a facilitar el camino al proceso de vacunación, desde la valoración médica vía cuestionario sobre comorbilidades y uso de medicamentos, hasta el apoyo en la liberación del estrés de algunos presentes: Oí que un entrevistador comentó a una abuela que tenía unos ojos muy bonitos, después de que ella dijo estar nerviosa, y la señora, de inmediato, sacó su teléfono para mostrarle las fotos de cuando era joven, las de sus hijas y las de su nieta de ojos azules.  La explanada del Deportivo Xochimilco fue dividida en tres secciones y habilitada con carpas como un enorme kiosko de vacunación, con 35 mesas (células, según la Secretaría de Salud local), una sala de espera y otra de recuperación. Cuando mi madre y yo entramos a la sala de espera, la voz de Oscar Chávez retumbaba festiva, cantando Macondo. Por un momento sentí que podía llorarle ahí un océano, pues él fue de las primeras víctimas sin esperanza del Covid19 en México… Porque las vacunas son ahora una esperanza de poder regresar a la normalidad perdida hace un año. Ya después supe que en el centro de vacunación de la Escuela Nacional Preparatoria Número 1 “Gabino Barreda” de la UNAM, los funcionarios de la CDMX pusieron a los adultos mayores a bailar antes de ser vacunados; pero acá en el Deportivo Xochimilco, a la hora en que llegamos, antes de las 2 de la tarde, había reparto de lunch: Una botella de agua, una manzana amarilla (de esas que mi abuelita paterna llamaba perón de Chihuahua) y una barra de amaranto, todo empaquetado en una bolsa transparente bien cerrada.  La alegría de los equipos de vacunación era contagiosa. De pronto, escuchando la música de Oscar Chávez, me transporté a mi infancia ocurrida en un tiempo cuando la patria era el ente que sustentaba el objetivo de vivir de los mexicanos y en la escuela pública se nos enseñaba que todos, como hormiguitas, debíamos cuidar laboriosamente la existencia de México, su gente, su identidad y su cultura. Encontré inesperadamente en el centro de vacunación la chispa de una nación altamente desarrollada y una población respetuosa de las reglas, conviviendo en armonía, para alcanzar una meta colectiva. Esto, mientras observaba a cada uno de los integrantes de los diferentes equipos de vacunación coordinados de manera precisa: Guardia Nacional protegiendo las instalaciones; enfermeras y médicos de la Secretaría de Marina aplicando el antígeno; los servidores públicos locales y federales que sólo se distinguían por el color de sus chalecos-uniforme verdes o beige, apoyando a los ancianos en diversas actividades; y los médicos de bata blanca con los discretos logos de sus respectivas universidades e instituciones de Salud en el brazo izquierdo, que se encargaban de monitorear la condición de las personas recién vacunadas, dándoles instrucciones en tono cariñoso, para esperar la siguiente dosis de vacunación dentro de los próximos 21 a 35 días.  Los cubrebocas […]

  • Fabian Giles The Future with Trump - Book

    The Future with Trump: An Incomprehensible Reality, algo así como “El Futuro con Trump: Una Realidad Incomprensible”, de Fabián Giles, es una conceptualización divertida e irónica de la administración del presidente estadounidense más polémico de los últimos tiempos, que en estos tiempos pandémicos anda en busca de la reelección. Es un libro que hay que verlo para entenderlo. Sin duda alguna, esta obra, disponible en formatos de ebook en las principales librerías online, tiene elementos para convertirse en best seller. Es de lectura muy sencilla hasta para quienes tienen poco conocimiento del idioma inglés y abarca toda la temática que interesa, como dicen por ahí, al ciudadano de a pie: Economía, migración, el muro fronterizo, el sueño americano del siglo veintiuno, sus aventuras sexuales y hasta su influencia en la vestimenta de moda de su hija Ivanka. Son 125 páginas con revelaciones que cimbrarán la conciencia de los lectores, haciéndolos reír a carcajadas y luego llorar (de risa, nuevamente). Las reseñas de la obra de Giles en Amazon no admiten medias tintas (literalmente), lo que lo convierte en eso que en el mundo anglosajón se denomina un #MustRead. Advertencia: El libro de Giles no es apto para las personas carentes de sentido del humor o con prejuicios políticos, pues nos enseña que el poder es una broma, bastante oscura, por cierto. Fabián Giles es un artista visual y escritor oriundo de la Ciudad de México, con amplia trayectoria en medios de comunicación mexicanos y enorme creatividad. 👣  

  • Una buena historia con excelentes actores, pero mal ubicada en la geografía de la bajeza humana, lo que la convierte en un filme que lastima moralmente a una comunidad que literalmente se ofreció en espera de algunos ingresos por concepto de turismo, para paliar los daños que había dejado el sismo del 19 de Septiembre 2017: Eso es Chicuarotes (2019), la segunda película de Gael García Bernal como director de escena. Precedido por el prestigio de haberse estrenado en el Festival de Cannes, el largometraje con guión de Augusto Mendoza, egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) y especialista en comedia televisiva, objetivamente resultó un mal pretexto para reunir todos los vicios del lumpen mexicano en un pueblo tradicionalmente agrícola de Xochimilco, una de las alcaldías rurales de la Ciudad de México, la cual, al escribir esta reseña, enfrenta con severidad los embates del COVID19 y la mala reputación causada, involuntariamente (supongo), por Mendoza y García Bernal. Chicuarotes es una producción fílmica muy bien cuidada, técnicamente bien realizada, y la anécdota que detona la trama tiene los elementos para una reflexión profunda en torno a cada uno de los personajes y su entorno de violencia y desesperanza. Sin embargo, lo que queda en la pantalla es la historia de una caterva criminal, por irracional, que no merece la empatía del espectador ni tampoco un colofón redentor. Aunque los fans de Gael García se esfuerzan por comparar Chicuarotes con Los Olvidados (1950) de Luis Buñuel, hay un abismo conceptual entre ambas, porque Gael García se conformó con llevar al cine escenas que, al menos los capitalinos, ven diariamente, como en loop eterno, en televisión y redes sociales. Lo chocante de la película es que los mexicanos avecindados en el sur de la Ciudad de México saben muy bien que la gente de San Gregorio Atlapulco, en Xochimilco, no tiene perfil delincuencial, pues en su mayoría, los habitantes de la zona son campesinos que viven de sus cultivos de hortalizas. Entonces, el espectador capitalino percibe a lo largo de todo el filme una falsificación de una tragedia auténtica. Los personajes en realidad pertenecen a los cinturones de pobreza que rodean a la capital y no a la zona rural: Los Molotecos y los Cagaleras pernoctan principalmente en los límites entre Iztapalapa y Tláhuac, en el antiguo Distrito Federal, y Chalco, Estado de México. Sí, relativamente cerca de San Gregorio; pero no ahí. Pregunté al azar, a gente de ese pueblo xochimilca sobre la película y la ira asomó en sus respuestas. Copiando las estrategias cinematográficas de producción hollywoodense, García Bernal prometió a los habitantes de San Gregorio que colocaría al pueblo en el “radar” internacional; pero ellos se ven ahora como ultrajados, con una etiqueta delincuencial que no les pertenece. Y al escuchar los reclamos de los chicuarotes, un gentilicio que efectivamente se da a la gente originaria de San Gregorio Atlapulco, debido a que desde la época prehispánica se dedicaba a cultivar un chile endémico muy apreciado en otras épocas, pensé de inmediato en Mark Frost, uno de los creadores de la serie policíaca Twin Peaks (1990-1991), quien alguna vez comentó en una entrevista que su serie originalmente se llamaría North Dakota, pero ubicar una historia de alta intensidad dramática en una geografía real sin ser un documental, no funciona porque la gente que vive ahí y se siente retratada veraz o falsamente, por lo común resulta lastimada. Pareciera que al guionista Augusto Mendoza y a García Bernal los atrapó el gentilicio “chicuarote” y trataron de que encajara en el argumento; pero no quisieron trabajar a fondo en eso que los cineastas llaman el tratamiento del guión: Fue más sencillo quedarse en su zona de confort, que transformó mediáticamente a un pueblo rural pacífico en nido de malvivientes, que, en el mejor de los casos, construir su Twin Peaks, por cierto, mucho más válido que sembrar la duda sobre una población entera. En alguna entrevista, Mendoza, quien se curtió en el guionismo escribiendo chistes para Eugenio Derbez (¿?), deslizó que Chicuarotes es humor negro. Sin embargo, nadie que viva en la Ciudad de México, ni por casualidad puede reír por lo que pasa en el filme, porque cada escena es un déjà vu colectivo y, no obstante, al final no se alcanza el alivio de la ansiedad por acabar con la tragedia, los personajes no inspiran la compasión del espectador y, en cambio, el odio inconsciente contra los desposeídos se amplifica. 👣 Si disfrutas los contenidos periodísticos gratuitos publicados aquí, te invitamos a ayudarnos a mantener este espacio independiente auspiciado por Cálamo&Alquimia® Revista de Cultura y Sociedad de las Americas, y a expandir los programas no lucrativos de Arte y Cultura de Wings of Love, Inc. para nuestra región.

  • El Artículo 37 de la Ley de Migración de los Estados Unidos Mexicanos señala que para internarse en el país, todo extranjero debe presentarse en el “filtro de revisión” de cualquier puerto de entrada con documentos de identidad de su lugar de origen y, en su caso, una visa previamente solicitada para entrar a México. Los visitantes exentos de presentar visa en México son los ciudadanos de Canadá, Estados Unidos de América, Japón, Reino Unido, cualquiera de los países europeos que integran el Espacio Schengen, los de los países miembros de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia y Perú), así como empresarios e inversionistas plenamente acreditados de la Región Asia Pacífico (APEC). De tal modo que el ingreso multitudinario al país norteamericano de indocumentados, en su mayoría hondureños, ocurrido durante el fin de semana del 19 al 21 de Octubre 2018 es una flagrante violación a las leyes y soberanía mexicana, en nombre de la pobreza sistémica que se vive en esa nación desde el golpe de Estado en 2009. En un sentido estricto, la irrupción ilegal de miles de extranjeros en el territorio mexicano tiene muchas aristas que no deben desdeñarse, como lo están haciendo muchos activistas pro Derechos Humanos en Norteamérica, que a lo largo de varias décadas han construido en el imaginario colectivo, el estereotipo emocional del buen migrante indocumentado, pobre y desesperado por alcanzar el sueño primermundista, el cual únicamente por esa condición supuesta, según la gente humanitaria, puede transgredir el contrato social que garantiza la libertad y la equidad dentro de los Estados. La migración indocumentada no es un asunto que deba mirarse sólo bajo la lupa de los Derechos Humanos o de la pobreza producto del establishment neoliberal e imperialista. Sin ánimo de usar el chocante y racista vocabulario del presidente Trump, efectivamente es un tema de seguridad regional para Norteamérica, ese enorme barco comunitario al que nos subieron nuestros líderes políticos en 1994 y que por ratos parece naufragar. INTRUSIÓN VIOLENTA Los integrantes de la Caravana Migrante hondureña podían (y pueden aún ahora) solicitar una visa para desplazarse en México como visitantes o incluso pedir asilo humanitario temporal o permanente que es probable no se negaría a la mayoría. Sin embargo, una turba de miles de indocumentados ingresó a México por la frontera chiapaneca con violencia (apedreando a los policías federales que trataban de resguardar la aduana), y algunas fuentes periodísticas anuncian ya que se prepara una nueva oleada de desplazados que se sumaría a todos aquellos que, individualmente y por diversos medios, llegan al país con la intención de cruzar ilegalmente la frontera entre México y Estados Unidos, y al no conseguirlo se estacionan indefinidamente en el país. Resulta evidente que en la primera incursión masiva, los ocultos líderes de los indocumentados centroamericanos buscaban provocar la represión de las autoridades migratorias mexicanas para fabricar un conflicto regional en carambola a cuatro bandas que enfrentase a México por igual con el gobierno hondureño y con la Administración Trump, y de paso aumentar la intensidad de la confrontación interna que persiste entre mexicanos desde la campaña política presidencial. Baste mencionar que mientras el gobierno federal mexicano encabezado por el presidente Enrique Peña Nieto se ha limitado a tratar de apegarse a las leyes de migración para controlar la irrupción ilegal de la Caravana Migrante, el mandatario electo Andrés Manuel López Obrador asumió el compromiso futuro de brindar refugio a latinoamericanos que huyen de sus naciones, y convertir los consulados mexicanos en Estados Unidos en “procuradurías de los migrantes”. Ambas posiciones – que no son obligadamente contradictorias – causaron revuelo y confrontación entre distintos sectores de la Opinión Pública norteamericana, sobre todo en México. Los simpatizantes del presidente electo López Obrador piensan que la Administración Peña Nieto, al aplicar la ley, está convirtiendo a México en aduana estadounidense, idea reforzada por los tuiteos del señor Trump, aunque los mexicanos no deben minusvalorar la vulneración de la seguridad nacional a la que se someten sus fronteras sin un registro riguroso de todo extranjero que atraviese el país. Recuérdese que la entrada libre de colombianos a México ha propiciado el ingreso de bandas de la delincuencia organizada de ese país que ahora azotan a las ciudades más importantes de la nación. Por otro lado, aunque el actual gobierno mexicano está haciendo lo que le corresponde ante la oleada de inmigrantes indocumentados, no ha sido lo suficientemente claro en explicar los acuerdos en la materia con el gobierno de Estados Unidos, ya que el presidente Trump, llevando agua a su molino electoral, como es su estilo, acentuó en su discurso xenófobo la técnica del apapacho y el garrote con su socio y vecino del sur. En una retahíla de mensajes en Twitter, su medio de comunicación predilecto, el mandatario estadounidense publicó que “se están haciendo todos los esfuerzos posibles para evitar que el ataque (sic) de extranjeros ilegales cruce nuestra frontera sur. Las personas deben solicitar asilo en México primero, y si no lo hacen, los Estados Unidos los rechazarán (…)”. Luego, en otro momento, escribió en tono apocalíptico que se estaba dando un asalto a su país en la frontera sur – si bien al cierre de esta edición los migrantes no han salido siquiera de Chiapas – y que con los hondureños venían criminales de Medio Oriente y traficantes de drogas (lo cual no está comprobado, aunque no puede descartarse), y remató que detener a la caravana “… es mucho más importante para mí, como presidente, que el comercio o el USMCA.” O sea: Trump está aprovechando la irrupción de la Caravana Migrante para coaccionar a los gobiernos entrante y saliente de México y someter al país a sus dictados económicos, mientras asesta a los legisladores demócratas de su propio país un golpe de mercadotecnia electoral al acusarlos de poner en peligro a la Unión Americana con leyes migratorias “débiles”, en tanto que busca recortar el presupuesto para el desarrollo centroamericano como represalia por el éxodo indocumentado. ¿LA CIA, DETRÁS DE LA CARAVANA MIGRANTE? Según fuentes […]

Si la televisión fuera la ventana de mi recámara, entendería que lo único que nos redime a los súbditos de la telecracia y su caótico infiernito es la intención de los protagonistas de los sucesivos sketches “informativos”, de salvar al planeta desde un escritorio hecho de maderas exoticas en vías de extinción y apoltronados en suaves sillones de la piel curtida con el sudor del de enfrente.

Oigo reiteradamente, desde que era niña, que México es un país con futuro, que el futuro es nuestro y hoy trabajamos para las generaciones futuras. El pasado transcurrió esperando el futuro donde se administraría la abundancia y los gringos reconocerían a los mexicanos como ciudadanos de primer mundo. Los gobernantes no nos contaron lo que realmente hicieron, sino lo que planeaban hacer, nos prometieron en technicolor y luego en transmisión digital, que algún día todo cambiará y en alguna vida próxima nos tocará ver los frutos de nuestro sacrificio presente y si no es así, entenderemos que la intención es lo que cuenta.

Por todo eso y en honor a los prohombres de la historia futura yo coadyuvo a la consolidación de la patria virtual y transnacional, haciendo aquí mi modesta contribución en la creación de una nueva visión de la era contemporánea y, total, si no pasara nada y si nadie lo lee jamás y nadie se acuerda que yo existí, pues la intención es lo que cuenta.  ¡Qué!... ¿no?  ♥♥♥

Texto publicado originalmente en 2007
Última Actualización: 3 de Abril 2021